Los hoyitos de mi pared


Escuchando esto escribí:
Nacieron en el mismo momento que mi hogar. La primera vez que los miré me fueron indiferentes. Era una mejor época, tenía familia y (sin saberlo) disfrutaba de los clavos domésticos. Les empecé a poner atención en las madrugadas, aquellas en que después de disfrutar del sexo a plenitud, no puedes dormir. Me imagino como me verían, quizá envidiosos al contemplar junto a mí aquel hermoso cuerpo desnudo. Fue entonces que al no poder dormir empecé a contar cuantos de ellos habían en la pared.

Tengo la particularidad que cuando duermo frente a ellos no puedo esquivarlos, esto aunque quiera. Fueron testigos de noches planas de felicidad, de momentos imborrables de éxito, cuando todo salía bien.

Después pudieron ser testigos de mis clavos económicos. Noches eternas en que piensas en los miles de trabajos que pudieras hacer, pero que nadie te da. Cuentas por pagar, cosas que debía comprar y hasta cosas que pedía vender. Esos eran los pensamientos que me absorbían entonces, solo distraído a veces, al ver a uno que otro animalito salir de los hoyitos; cosa que hacía que al otro día corriera a comprar insecticida, que no se bien si era porque me la llevaba de pulcro o era porque quería mantener limpios los hoyitos.

Fueron testigos de la llegada de la soledad. Quizá burlonamente presenciaron mi llanto, puesto que quizá llegué a ser un huésped petulante al sentirme realizado como hombre. En ese momento presenciaban como una autoestima se hacía pedazos tras una vulgar, aunque común, traición. Las noches eran largas, los veía toda la noche; mientras que hablando de despecho con la pared, quizá observaron como me asaltaba el alba.

Sobrevino una breve pausa de felicidad, que terminó de una manera tan cruel, que ni sé como dormí junto a ellos. Presenciaron el saqueo de mi casa mientras yo dormía. Pero ahí estaban, callados y quizá ahora sintiendo pena.

Hoy los veo con otros ojos, a veces formó figuras caprichosas con ellos, y como que si de nubes se tratará, siempre encuentro una nueva silueta. Vemos tele, escuchamos música, y hasta les cuento mis fantasías. Ahora les he pintado, y pareciese que veo una figura más alegre, he pensado en ponerle nombre, quizá se llame soledad.

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