Cuando tratas obsesivamente de cambiar el pensar alguien te olvidas de vivir

¿Cuántas veces te han intentado asaltar ideológicamente en la calle? Ya sea un testigo de Jehová, alguien que ama a cristo, o lo de moda un político sin oficio. Desde niños nos tratan de influir, muchos con muy buena fe, pero otros perversamente.

Llegamos a la madurez cuando somos artífices de nuestro destino, puesto que lamentablemente muchos se niegan a crecer y así hacerse cargo de su propia vida. Pero hay aristas valederas en esto, como quizá las circunstancias, aunque alguien dijo ya que es mentira que alguien sea resultado de sus circunstancias, pues lo es de sus propias decisiones.

La vez que fui a la plaza central a un concierto, quedó gravado en mí un sujeto. Una amiga reconoció cerca de la concha acústica, cuando no retirábamos, a un amigo que sentado jugaba a las damas. El cuate de mi amiga, un tipo como de cómo 35 años que vestía limpio y sport, jugaba una partida en un roído tablero de damas revestido con tapitas plásticas de gaseosa. Su contrincante estaba harapiento, tan sucio que pudiera decirse que era muy moreno, pero al ver las palmas de sus manos podría advertirse que lo oscuro era suciedad. El conocido de mi cuata dijo que era cajero de un banco, y conversó por unos minutos con ella. En lo que conversaban un anciano que actuaba de publico de la partida nos saludó.

Esos cortos minutos cerca de ellos me causaron mucha tristeza y reflexión. El tipo bien vestido era sospechoso, su trabajo y presencia no concordaba con el lugar en donde estaba; lo más seguro era que fuera de esos que dicen que asaltan allí, pensé. Después me dije:-Que prejuicioso soy, que tal y solo es alguien que no discrimina.- Por aparte estaba el otro jugador, un joven como de 25 años, del cual se desprendía ese olor clásico del tiner, olor que quizá le servía de desodorante pues y a saber como olería sin él. El chavo de pequeña estatura parecía triste, el amigo de aquella y el anciano saludaron a todos de mano, pero el chavo no, él solo medio levantó la palma de su mano y saludó en general, pero no con aquel vejo de indiferencia, clásico en mucha mara, sino con una actitud como de resignación. Quizá, pienso yo, sabiendo el resquemor que sentiríamos al estrecharle la mano, de lo que seguramente no seríamos los primeros. Cuando llegamos nos vio, pero después nunca levantó su mirada, se dedicó a hacer como si pensará su próximo movimiento en el tablero. Fueron instantes ahí, pero me mente voló. ¿Alguien le hablaría alguna vez para no llegar a eso? Seguramente sí. ¿Tendría alguna oportunidad que dejó escapar? Jamás podría asegurarlo. Entonces pensé, si se hiciera aquello o lo otro, ¿Pero si de todos modos él no quisiera?

De golpe paró mi pensamiento la pregunta que uno de mis cuates le dijo al anciano. -¿Usted se mantiene aquí, verdad?- Respondiendo él que si con un movimiento de cabeza y una sonrisa. Para que aquel concluyera – Sí, es que aquí lo he visto.- Pareciese que todos en ese mundillo están tranquilos, satisfechos, aunque muchos creamos que no sea así.

Jamás he creído que voltear la mirada sea la solución, si se tiene la oportunidad se debe hacer algo. Pero no hay que caer en la obsesión por salvar al mundo. Muchos se olvidan de vivir pues creen que son los destinados a cambiar el mundo, pero incluso a ellos hay que entenderlos si son felices en ello. Cuanta gente hay haciendo juicios sobre otros seres humanos, que si son gay, musulmanes, budistas, satánicos, Etc. Y estos viceversa. Al final el meollo de su dilema es pretender que otros vivan su felicidad. Se desviven pensando que ellos “salvaran” a quienes no piensan como ellos. Viene a colación lo dicho por Patricia de Arzú, que en un foro llamó abominación a un gay, cabe la interrogante ¿Para la comunidad Gay, ella será una abominación? ¿Cuándo entenderemos que los seres humanos tienen todo el derecho a hacer con su vida lo que le plazca? Claro, siempre y cuando esto no afecte a nadie más. Yo puedo aconsejar dependiendo de mi experiencia en algún tema, pero obligar a alguien a ser como yo so pena de condenarle no es correcto.

Dicen que la religión es la causante de la mayoría de las guerras en el mundo, cosa que es más mentira como que Giammattei será presidente. Son los seres humanos los causantes de las guerras, por esa maldita premisa de querer salvar a otro cambiándole su pensar. La gran mayoría de religiones no condena a quienes no creen en si deidad, quizá si lo hacen sea con quien sea un mal ser humano, lo que digan los fanáticos “iluminados” es otra cosa.

El concepto de libertad es muy incomprendido. El día que entendamos que nuestra felicidad no será nunca la de todos, entonces viviremos y disfrutaremos de lo hermoso que es vivir.

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