Inspiración en el cementerio

La mañana es casi igual a la de hace un año, el frío hela la piel si no te abrigas, particularmente cundo sales de la ducha. Recuerdo que mi madre solía dejar un vaso con agua en la repisa del Sagrado Corazón de Jesús, esto pues decía que los difuntos bebían del vaso en estos días. Cierta vez me di cuenta que el vaso estaba con menos agua, una marca en el vaso me decía que era cierto lo que mi viejita decía, por varias noches me costó conciliar el sueño sabiendo que quizá los muertos venían a beber a mi casa. Ya de adolescente me enteré de algo llamado evaporación.

El 1º de noviembre para mi marca el inició de la época navideña, el frío invernal desplaza al cruel invierno que tanto daño hace a los más vulnerables de esta sufrida nación. Soy de los que no encuentra gracia en el fiambre, es quizá de los pocos platos que rechazo solo al verle. Si me gusta la Cabecera, o sea el ayote y jocotes (en algunos casos coco) en miel de panela.

Este año, como ahora va siendo costumbre, fui al Cementerio General para dejarle flores a mi bebé. Esta vez salí corriendo de casa, mi ex pareja también iría y yo quería adelantarme para no topármela, perder a mi nene es la tragedia más grande de mi vida, pero perderla a ella siento que es la segunda por lo que verle me pone un poco más triste, no es que le ame igual, es que recuerdo nuestras tradiciones cuando éramos una familia. Las calles sin tráfico intenso dan una extraña sensación a mi ser, es como si la falta de estrés medioambiental te hace casi disfrutar el ir por las avenidas y calles. Lo que no recordaba era que el estrés estaba en ese momento en donde no suele estar a diario. Cuadras antes de la entrada a dicho camposanto la marabunta de vendedores hace más difícil el desplazamiento, aquella sensación de bienestar que llevaba se esfumó cual ilusión desértica. Antes de entrar llamo a mi ex para ver donde esta, me dice que ahora llega a la 18 calle. Me apresuro, tengo tiempo para llegar y salir rápido, quiero ir de prisa pero aquellas ventas y vendedores me lo impiden, debo ir al ritmo de la muchedumbre. Por un momento me molestó el mercado peatonal que se forma, esto por el estorbo y la bulla que hacen, pensé que eso nada tenía que ver con la conmemoración de Los Santos. Pero aun así reflexioné: - Por lo menos esta mara se gana los lenes chambeando.- Resignado, empecé a planear el momento en que la vería.

Ya adentro del cementerio la cosa se agrava pues hay hasta embaucadores con un juego de tiro al blanco y activistas del Partido Patriota. El olor que despiden las diversas clases de flores es clásico, tu cerebro no busca el agrado, más bien ese olor te trae tristeza. La algarabía de aquel lugar – pensé- es contrastante con el día que llevas a dejar a un ser querido, a veces ese es el día más triste de tu vida. Mi pensar fue interrumpido por las personas que ofrecen insistentemente escalera y agua, yo como de costumbre busco a unas señoras que están por el área de mi niño. Pero esta vez desde la entrada un insistente niño acosaba a la chica que iba con migo, a lo que esta accedió a contratar su servicio. – Es lejos.- Intenté persuadir cuando escuché el trato. – No importa.-. Contestó el patojo.

Un cacho molesto le dije a mi acompañante que yo pagaba a algunos conocidos, pero que ahora ya estaba, quizá no era por eso, talvez yo quiero hacer solo, todo lo que tenga que ver con mi hijo, mañas mulas mías. Al llegar al lugar del reposo de los restos de mi angelito me dispuse a hablarle, a eso iba cundo el patojo del agua me dijo: - Botó esto. – Y me entregó mi cartera. Sin darnos cuenta por la muchedumbre la cartera la habíamos dejado tirada desde la entrada, el patojo la recogió y hasta que llegamos nos la dio. A parte de documentos, ahí llevaba la cantidad de dinero que me serviría para varios días. Mi compañera me dijo: - Ves, Dios sabe porque le dije a ese niño.- Nunca antes me había quedado mudo con tal afirmación. Le agradecí un montón al patojo y le di una propina por su maravillosa honradez.

Después de adornar salí rápido de ahí, claro, sorteando toda clase de obstáculos tomé un camino distinto al que sabía que mi ex tomaría. Una vez afuera y lejos de la entrada me acerqué a una venta para tomar un atol de elote, y mientras veía en una carreta de shucos como la contaminación se cernía sobre un montón de carne roja sin refrigerar, me pregunté si el día primero de noviembre que yo esté adentro alguien vendrá a adornarme, quizá el primer año – me dije- pero seguramente al siguiente nadie vendrá. Entonces recordé el actuar honrado del chico del cementerio, tomando los últimos sorbos de aquella bebida humeante recobré mi espíritu, es ahora que vivo, no renegaré mi existir, haré lo que debo hacer, no seré ese que sentado espera que la vida lo encuentre, saldré a su encuentro pues quiero luchar por mis ideales, gozar la vida cuando pueda; el día que mi tumba esté solitaria un primero de noviembre no importará, lo bailao nadie me lo quitará.

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Televisión

Con respeto, que bella se ve Anitza Kozina con su pancita.

La chica que suplió a Paola Hurtado en A Las 7:00 PM fue todo un manojo de nervios y realmente se vio muy mal, ahora con el regreso de la titular ha ido mejorando, la modulación de la voz es su tarea. La culpa es del director, a quien se le ocurre lanzar a un amateur una hora en directo.

Prensa

Silvia Grageda renuncia de El Periódico ante las veladas amenazas de Baldizón a su familia y por la intromisión del mismo en las acciones del grupo periodístico. Realmente el candidato de Líder es la reencarnación del Guasón, con una linda sonrisa manda a quebrarse a la mara.

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