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Sueños húmedos y el ser perfecto

Comprobado está, gracias al ultrasonido, que desde el vientre materno los seres humanos tienen instintos sexuales (pobres fetos sin derecho a la privacidad); después de nacer la sexualidad de cada ser humano toma derroteros distintos, ya sea por inclinación o por imitación. Ya creciditos vienen los ideales, entre ellos el de la pareja ideal y más aun, la idealización del cuerpo con el que desearíamos fundirnos en placer.

Dentro de quienes tienen la suerte de haber desarrollado una sexualidad sin presiones hay prejuicios que hacen que se emitan juicios morales sobre las actitudes sexuales de otros. La libertad de un ser humano no debiera ser cuestionada por nadie, libertad que lleva implícita la elección sexual. Los tabú de la sociedad acerca de la sexualidad han derivado en una auto censura cundo se habla de ciertos temas sexuales, casi nadie se anima a conversar de los sueños húmedos, peor el admitir uno, en especial las féminas. Muchas veces los sueños húmedos son consecuencia de deseos inconcientes de satisfacción instintiva, usando el ideal corporal que la persona tiene.

Durante mi época de pubertad tuve una experiencia que primeramente me perturbó. Cierta mañana desperté de golpe, mi corazón latía rápido, estaba como asustado, no sabía que sucedía, había cierta sensación de bienestar pero casi aterradora, hasta que vi mis calzoncillos mojados. Durante algún tiempo anduve preocupado, sería que estaba enfermo o sería uno de tantos pervertidos. El asunto es que no estaba soñando, o al menos no recuerdo haberlo hecho, cosa que aumentó mi incertidumbre en aquella época en la que nuestros padres, la mayoría, no hablaban de sexo abiertamente.

Pasó el tiempo, y como no volvió a ocurrir se me olvidó. Ya entrado en la adolescencia un video me impactó, la chica era hermosa y el sueño de cualquier hombre heterosexual:


Después de ver el video, esa noche tuve mi primer sueño húmedo con todo e imágenes. No era que fuera un pervertido, es que las hormonas en esa edad casi que te manejan. El sueño fue sublime, al ver el video no necesito describirlo. Tawny Kitaen fue mi musa, la de muchos, se casó con David Coverdale líder de Whitesnake, después de semejante baile quien chingados no lo haría. Tawny a parte de sus videos musicales fue conocida como la novia de Tom Hanks en el debut cinematográfico de este en la película Despedida de Soltero, en la que se califico a Hanks de “descubrimiento del año”; la chica se divorció, se caso con otro tipo, se volvió a divorciar y lo ultimo que supe de ella fue su arresto en el 2009 por posesión de drogas, al final, ella fue solo eso: un espejismo.

Después de aquella experiencia no tuve más esa clase de sueños, mi vida se complicó tanto que sobrevivir ocupo el cien por ciento de mi tiempo. Hace algunos años sucedió de nuevo. Esta vez fue un tanto más desconcertante. No soy ni por asomo fan de Jennifer López, no me gusta su música ni sus películas, pero una noche la soñé poseyéndome, que no poseyéndola. Al despertar me sorprendí, no por lo sucedido, sino porque de haber querido hubiese escogido (literalmente) otra protagonista, Alicia Silverstone por ejemplo. Desmenuzando los días previos al sueño creo que la noticia farandulera de que ella había asegurado su trasero por unos cuantos dólares impacto a mi inconciente, a tal grado que la llegó a desear. Lo cierto que la Jennifer (ahora la trato con confianza) es solo un producto de marketing bien vendido, su música difícilmente será clásica y si gana un Oscar será como si Carlos Peña grabara un éxito. A pesar de lo sucedido entre nosotros, jeje, la chica sigue sin ser de mi cuadro de musas aunque al parecer mi inconciente dice lo contrario.

La realidad es que nuestro inconciente juega con nuestros gustos, hay quienes se meten a tratar de programar los sueños pensando que eso los hará felices, otros condenan a quienes admiten sus orgasmos trasnochados, al final los sueños son solo eso: sueños; parte de nuestra existencia que debemos mirar como algo natural, siendo lo antinatural el intentar regirlo o condenarlos al creernos seres perfectos.

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