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Una época que estremece a muchos

La noche entra más temprano, son las 6:00 PM y la penumbra ya predomina tras mi ventana. El frío inclemente entra por la puerta entreabierta, una hoja tirada en el suelo que se agita así lo dice; en la radió se empieza ha escuchar al finado Luís Aguilé con Ven a mi Casa Esta Navidad. De pronto paro el reporte que escribo, la habitación me parece más grande, el viento helado me transmite melancolía, una lágrima ha rodado por mi mejilla, es imposible no recordar a mi niño que no veré más.

Al terminar la canción mis ojos ya están anegados, ese respirar entrecortado no cesa, no es por él, es por mí. Apago la radio y me limpio los ojos pasando por encima mis brazos. Pretendo que no ha pasado nada, apago la radio, pero sale peor. En medio de la penumbra de la habitación iluminada por la luz de la PC, me doy cuenta de que tan profundamente solo estoy en aquella silenciosa casa. Pienso en que fallé, que crimen cometí para soportar tal existencia. No halló respuesta en tal silencio, me enervo, tiro el teclado y doy rienda suelta a mi desconsuelo.

El silencio es interrumpido por voces de niños que pasan jugando en la calle, eso me dice que no todos están como yo. Otro año más – pienso - es la tercera navidad solo en casa. Mi corazón es un ingrato, de golpe me recuerda lo que sentía en esta época con mi ex familia, mi mente es una traidora pues intempestivamente me trae imágenes de aquel tiempo tan bello.

Cuando era joven no entendía porque la mara se suicida por estas fechas, hoy comprendo cuanto puede llegar a doler el haber fallado en esta existencia. Pero estando ahí acongojado, paso un ratón camino a la cocina. - Deberé comprar veneno - pensé y sonreí aun descompuesto por la terrible aflixión que sentía. La sonrisa fue porque ese animalito me sacó de aquel deprimente estado, afortunadamente no es mi estado natural, pero cuando afloran esos sentimientos me zambullo totalmente en ellos, quizá también esos desahogos contradictoriamente han hecho que mi espíritu no claudique.

Fue entonces que empecé a pensar cuantas lindas navidades he tenido, cuando en su momento he sido indispensable para alguien, y mis dedos no alcanzaron. Me eché porras - No, no estas acabado. El día que me marche me iré en pié de lucha, no regatearé lo que puedo hacer aun – Me dije. Acerqué una toalla y sequé mi rostro, me ví al espejo, - No tas tan mal, quizá un cacho gordo- me animé.

Encendí las luces, puse mi disco de Billy Idol con Rebel Yell y me prepare tarareando un café para el frío. Una vez más escapé a ese episodio despresivo ingrato, seguro estoy que volverá a suceder, pero no será pronto. Mosheando volví a sonreír, mi tristeza se había ido al pensar en matar a un pobre ratoncito.

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