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Obras que te dan paz

Cierta vez mi ex pareja y yo fuimos a comer al área de restaurantes de un centro comercial, esto luego de haber fallecido nuestro niño. En aquel lugar había comido innumerables veces con mi chico, por lo que al nomás llegar a la mesa me puse a llorar. Mi acompañante también se echó al llanto. Mientras los dos lloriqueábamos nuestro pesar, yo sacaba mi billetera y revisaba lo que llevaba. De pronto una mesera se acerca y me dijo: - Esta es la carta, escojan el plato que quiera hoy damos degustación gratis.- Bueno, degustación es una cosa y comer otra. Nosotros medio nos limpiamos las lágrimas y tratamos de vernos normales al revisar la dichosa carta. – Pero el precio de este plato es alto. – Le reparé a la mesera. – No importa, hoy es gratis.- Respondió. Luego de elegir los dos platos, ella se retiró a traerlos y nosotros, aunque casi le creímos, no dábamos crédito a lo ocurrido. Después de la comida pasé agradeciendo a la que al parecer era la dueña o encargada del restaurante, convencido de que aquello no había sido una degustación. Hoy pienso que pudo haber sido que me vieron llorar al revisar mi billetera y que ha saber que planta llevábamos y esto conmovió a los del restaurante y nos dieron de comer. El conmoverse es de almas hermosas, solo las elegidas pueden pasar del “pobrecito”. En medio de mi aflicción yo tuve el privilegio de sentir la bondad de un desconocido que pensó que lloraba por no poder alimentar mi cuerpo y me brindo comida sin saber que alimentaba mi alma.

Los que lograron ver a mi niño en los días previos a su muerte me contaron que a veces lo encontraban dando de su agua a los pacientes de otras camas, cuando le decían que él también estaba enfermo, aquel contestaba que ellos estaban peor, pero él moría de leucemia. Esa actitud de compartir que siempre tuvo mi héroe es de la que he aprendido un montón.

Juro que esta ha sido mi peor navidad económicamente, pero eso pocos en mi entorno lo saben. Hace unos días junto a mí mejor amigo organizamos un paseo navideño para personas con discapacidad que no suelen salir a divertirse, cosa que ya hemos hecho, previamente yo pensé en no hacerlo este año, esto pues quedaría muy mal financieramente. Pero al final agarré valor y me tiré al agua, sabiendo que mi amigo también invertiría y 2 personas más nos habían ofrecido donaciones en especie. El paseo fue un éxito. Escuché historias muy tristes entre lágrimas de cómo las personas son afectadas sicológicamente cuando adquieren una discapacidad, pero todo finalizó con risas y el agradecimiento de quienes salieron a dar una vuelta. Al final de la actividad, que duró todo el día, me di cuenta que perdí un implemento muy importante que utilizó para salir y tuve que regalar mi chumpa a un invitado a quien le estaba afectando el frío; y aun peor, que había quedado en la miseria. Pero recordé las muestras de afecto de ellos, recordé que yo nunca tuve quien me sacara de paseo cuando enfrente la discapacidad, y entonces comprendí que todo había valido la pena.

Yo tuve lindas navidades, primeramente fui rodeado de familia, tiempo después de novias, amigos y la mejor, de una familia que formé. En mi habitación el 24 me eché a dormir cerca de las 9 de la noche, no tenía con quien pasarla, pero sentía que lo hecho llenaba mi corazón. Le pedí al Señor me concediera el sueño, que me otorgara una noche de paz, no quería pensar babosadas; me lo concedió. Dormí profundamente sin apenas darme cuenta de las 12 de la noche.

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