Hipocresía ideológica, Kate del Castillo y el presidentón Pérez

Dentro del pensamiento liberal, en los medios chapines, existen tendencias extremistas que embriagadas al creerse dueños de la verdad destilan soberbia y hacen daño, pues hasta para decir verdades hay que tener tacto. ¿Verdad, y que es la verdad? Preguntará Pilato. Resulta que la verdad tiende a lastimar a quienes viven de la mentira, pero también afecta a quienes no tienen claras las ideas, y estos últimos terminan siendo los chompipes de la fiesta, como la carne de cañón a quien nadie importa utilizar, ni a otros herir. Nadie tiene la culpa de crecer en un medioambiente que impide el desarrollo intelectual, peor aun, en aquel que envenena las ideas bajo la máscara de las buenas intenciones. Al criticar también habría que ser concientes de aquellos cuyo pensamiento ideológico es honesto, si, esos que ya traen en su ser la vocación innata por colectividad y no por el individuo.

En todas las corrientes ideológicas hay individuos mezquinos, muchos que saben de lo herrado de sus máximas, pero que obvian la verdad pues se hacen ricos y viven como tales, enajenando la mente de las masas con filosofías que han demostrado su fracaso. El capitalismo no es perfecto, pero es el sistema que ha llevado a la evolución de la humanidad, no negándose que entraña grandes peligros pues al final está en manos de seres humanos. Gobiernos populistas como el de Daniel Ortegas en Nicaragua o Hugo Chávez en Venezuela son producto de un mal entendido capitalismo, pues son resultado de la llegada al poder de mercantilistas ladrones que solo llegan a enriquecerse con el dinero de la ciudadanía, y esta ya desilusionada (en su gran mayoría) ve en un ladrón con buena labia a un Robin Hood a quien se le debe perdonar el saqueo pues reparte las migajas de su robo.

Este comentario me nace, en parte, después de observar la toma de posesión del “electo” Daniel Ortega, en la cual estovo presente el Príncipe de Asturias, presencia deplorable pues avala una elección la cual fue cuestionada por la Comunidad Europea, pero que al final pinta lo que son los políticos, o en su caso la ya tonta monarquía, incongruentes con sus disque filosofías; aunque en el caso del principito uno de sus familiares es investigado ya por tráfico de influencias en su país. Dicen que cada país tiene el gobierno que se merece, esa máxima es falaz, nadie merece vivir bajo un sistema que no quiere. Los insoportables, tediosos, predecibles, demagogos y estúpidos discursos de los presidentes populistas apelan a la pobreza, incentivan al ciudadano a sentirse pobre, a creer que ser rico es ser un malvado, un ser que busca dinero a costa del sufrimiento de muchos, cosa absurda y que no quiere decir que no se den los casos. Cada que escucho en los labios de un político “a favor de los más desposeídos”, “el gobierno de los pobres” o “es culpa de la oligarquía”, es muestra de que es populista. Claro, los oligarcas han hecho también su mal, pero estos son focalizados y no son el grueso de las personas con poder económico, si esa premisa fuera cierta, entonces todos los pobres serían ladrones. El gran logro de los retóricos neosocialistas es haber vendido a la mayoría de muchos pueblos la creencia que es obligación de un ser humano el ser solidario, cuando hasta el diccionario dice otra cosa.

Pero también los radicales del otro lado se equivocan al creer que las circunstancias de un ser humano son iguales, es mentira pues son relativas. Veamos: Allá en Ciudad Peronía crece un chico, concebido por una madre que no había siquiera llegado a la adolescencia. El niño crece pensando que su abuela es su madre, mujer que es golpeada por un alcohólico, mientras ve a su madre, a quien cree su hermana, como se escapa con tipos tatuados con la cara del Ché. Con suerte llegará a estudiar, y en las juntas de los vecinos de la colo o con los cuates escuchará que el gobierno tiene la obligación de mantenerlos vivos y con buenos servicios pues es su culpa, o de la oligarquía, el que ellos sean pobres y sin oportunidades. El niño, si tiene suerte, llegará a joven, al abandonar los estudios, verse envuelto en drogas y robando ya, lo justificará, pues sabe por lo escuchado que alguien llamada “Sociedad” tiene la culpa de la desgraciada vida que lleva. Algunas personas acomodadas en su sala dirán que es culpa de los padres, pero si así fuera entonces el árbol genealógico sería el culpable, cosa relativa. Si se cumpliera con la ley tributaria y la ley penal, el problema sería menor, esto pues las personas seguirían siendo seres humanos. Lo cierto es que comprobado está que las sociedades en las que mejor se vive son en las que hay mayores libertades, aunque algunas de ellas hoy estén en decadencia, no por las libertades, sino por despilfarrar dinero con medidas socialistas.

Hace unos días la actriz Kate del Castillo dijo que creía más en el Chapo Guzmán que en las religiones y políticos, cosa que causó estupor en la hipócrita farándula mexicana. A ella se le dan titulares pues posee fama ¿pero cuantas personas no creemos en el sistema? Y no solo en ese capitalista al que todos dilapidan al creerse revolucionarios, no, sino también no se cree en ese sistema caza bobos del populismo. Muchos no necesitamos ser famosos o estudiados para saber cundo nos toman el pelo, hay algo llamado sentido común y algunas cosas llamadas principios. Lamentablemente hoy somos testigos de gobiernos oligarcas que acusan a otros de ser lo que ellos son, esto debería ser vergonzoso, al escucharlos parecería que la humanidad ha retrocedido en su evolución, pero ese retroceso no se detiene y es atizado por acciones imbéciles como la gringa de decir que sus funcionarios tienen inmunidad al haber experimentado en los cuerpos de seres humanos vulnerables, eso es asqueroso ¿Gozaron los nazis de inmunidad en los juicios que ellos realizaron? ¿A caso el gobierno chapín interpondrá un juicio por crímenes contra la humanidad en La Haya?

Esperar al Mesías es ilógico, pero si se puede aportar con los cambios se debe hacer, claro, tristemente tras muchas propuestas de cambios están los mismos de siempre, cosa que no motiva mucho. Otto Pérez Molina es el mal menor que le podría pasar a este país, oro para que haga el mayor bien que le sea posible, le criticaré cundo lleguen los errores, y no votaré por su partido si la caga, pero por más idioteces que cometa, jamás buscaré la solución de un populista. Pero algo si tengo claro, siempre estaré a favor de que se cumpla la ley en pos de la libertad de un ser humano, pues todos debemos elegir en libertad nuestro destino.

Uno de mis pensamientos: ser pobre, no significa sentirse pobre; un ser humano rico es aquel que no necesita dinero ni poder para sentirse feliz.

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