Cuando ya no crees en el amor de tu vida II

Dos mujeres, un confundido.

Llegué temprano a eso de las dos de la tarde, una hora antes de la cita. La Plazuela España lucia ya engalanada con un traje de luces, era un 12 de noviembre 2011. En el taxi hacia un tanto de calor, al bajarme me quité la chumpa, y sentí lo agradable de aquel viento seco; la tarde era soleada, de aquellas que inician la época friolenta de cielos despejados y un aire que eriza. Llegué Piccadelly, al encuentro con quien quería apoyarme en uno de mis proyectos, se había enterado por un diario y pretendía según ella, ayudarme.

Un capuchino me hizo compañía, y es que nunca he podido alejarme de la cafeína, un tanto igual de la nicotina, aunque esta última es solo en la intimidad. Le buscaba en la clientela que iba y venia, solo le conocía por su voz, la más dulce y linda que había escuchado por teléfono. En medio de aquel barullo de comensales ambientado con aroma a pan horneado, apareció aquella figura menuda, ataviada con vestimenta intrascendente y de anteojos prominentes, que quizá sobresalían por las dimensiones de la propietaria.

Un beso e inició una tarde muy agradable. No sé, me imagino que se hubiese visto como aquellos finales de escena en los que cae nieve y la cámara se aleja lentamente, dejando sola aquella cita de final de cuento….

Las horas se esfumaron. Hubo risas y una que otra lagrima, yo traté de ser ameno, ella como que era muy cohibida, definitivamente el auricular la transformaba. Me compartió que era responsable de un área de una empresa y madre soltera de una persona ya adolecente, me sacaba unos escasos años de más; se llamaba *Amanda. Las calles oscurecieron y debíamos marchar, uno de mis mejores amigos pasó por mí, le encaminamos por funerales reforma. En la calle ella sacó un gorrito simpático, dentro de mi sonreí -¡sería eso por lo que estaba sola!- Naaa, mis pensamientos volaban, como cuando junto a mi novia íbamos de noche a Interfer, era un sentimiento lindo, como que derecho le interesas un tanto a alguien. Nos despedimos, habría una segunda cita, esto mientras mi amigo me miraba con sonrisa de cómplice, aquella que quiere decir ¡Por fin!

Durante quince días platicamos y no citamos en Miraflores, una película era la ocasión, yo imaginé que en la segunda nos conoceríamos más. Llegué igual a la primera cita, todo lindo él. Ella llegó y nos fuimos para el elevador, íbamos en ascenso y yo trataba de ver los adornos navideños aprovechando la transparencia del vehículo, de pronto ella me haló y me dio un beso en los labios, me sorprendió, no tuve casi reacción, solo la inercia respondió. A mi me hubiese gustado más algo más romántico, memorable de mi primer beso en mi regreso al mundo de los vivos. Bueno, viéndolo bien termino siendo incomparable.

La chica me gustaba, tenía mucha buena vibra, inteligentísima, pero había algo que no me dejaba amarla como quizá ella quería, yo iba más despacio. No era que no quisiera, venía de cosas muy difíciles de digerir y muy dentro de mi, a diferencia de lo que se pensará, quería enamorarme a mi estilo, la chica iba apurada, yo llegué a pensar que era como novata a pesar de todo, o quizá yo era el novel en cosas del amor. Después de esa cita y sin haber dicho la palabra “novios”, actuamos como tal, claro, por teléfono.

Llegó diciembre, y en una actividad pública que organicé llegaron dos personas que se habían enterado al verme en un programa de TV. El chavo se presentó y me presentó a su acompañante, una chica muy linda para mi vista, bueno, para muchas. Desde que cruzamos la mirada me atrajo, y cada que la caché viéndome, me justifique, -son solo ideas mías.-  le sacaba poco más de 14 años. Ella era como enigmática, lo que resaltaba a parte de su belleza era su concepto de moda, sus prendas combinaban y buscaban un tono, fresca como la llovizna que por momentos cayó, era un sueño de mujer; era eso, o solo una simple atracción superficial la mía. Hasta su nombre era de película, *Jennifer. Desplegó mucha bondad en la actividad, y al final ni se despidió, desapareció como llegó, sin previo aviso.

El lunes amanecí como siempre, dispuesto a trabajar duro, mi fiel asistente me preparaba y yo le contaba que había conocido a una chica que me coqueteó, y que aunque era todo un sueño imposible, me había impactado mucho, superficialmente, claro está. En eso estaba cuando llamaron por teléfono, era ella. Me preguntó: -Hola ¿Cómo amaneciste? –Bien,- respondí medio mudo. –Haaa solo te llamaba para desearte un bonito día, este es mi número, llámame.-

Mi asistente frunció el seño: - ¿Y que quería?- -Decir los buenos días.- respondí. -Haaa así comienzan los problemas,- sentenció.

Yo estaba consiente de lo imposible que resultaba una relación con aquella chica, era más coherente la chica que había conocido de primero, además era justo la primera candidata. Me terapié en lo correcto y posible. Las llamadas de aquella chiquilla, para mi, fueron diarias, incluso me llegó a llamar para que le ayudara a elegir lo que haría de almuerzo. Yo sabía que me seducía, y aunque moría por corresponder, sabía que estaba conociendo a otra persona.

El 31 de diciembre de aquel año salí a comprar un mi aparato, fruto del primer aguinaldo que ganaba después de muchos años. Recuerdo que luego de llegar a casa, mi asistente se marchó y Amanda llegó en mi ayuda pa desempacar el objeto de mi wannabe vida. Como a eso de las 13 horas los empaques estaban esparcidos por la habitación, dos cuerpos experimentaban con los impulsos primitivos, se estremecían el uno al otro: se amaban, aunque quizá otra cosa pensaba uno de los protagonistas… ni cuenta se dio, era mi primera vez tras 5 años. A partir de entonces yo intentaría ser correcto, el destino pondría a pruebas mis convicciones… La verdad es que entonces estaba realmente confundido.


*Solo los nombres son ficticios.

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He compartido muy íntimamente con parte de la familia del presidente electo, son muy buenas personas. No sé como finalizará todo, y aunque no meto las manos al fuego, me consta que no son mala leche. 

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